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La carismática ‘mayoría moral’ colombiana – Datos



Tres años después del escándalo por la ideología de género que un amplio sector del país vio en las cartillas “Ambientes Escolares Libres de Discriminación”, hechas por el Ministerio de Educación colombiano, Unicef y Pnud para promover la educación sexual inclusiva en los colegios, el miedo a este término no ha hecho más que crecer y conseguir votos en todo el país.

Ese episodio de agosto de 2016 fue el debut de una enorme fuerza política de derecha que también incidió en el triunfo del No en el plebiscito del Acuerdo de Paz con las Farc. En 2018, este movimiento votó en las elecciones legislativas y presidenciales, poniendo nuevos defensores de su agenda en casi todas las instancias de elección popular.

Este año, esa fuerza se organiza para las elecciones locales.

Lo particular es que el trabajo de base de este movimiento político se ha hecho en cientos de iglesias católicas, pentecostales y carismáticas del país.

Hermenéutica del sermón

Congresistas, asambleístas, diputados, políticos, ministros y líderes de ongs de América, Europa y África se reunieron en abril pasado en la III Cumbre Transatlántica de Valores, celebrada en el Congreso de la República colombiana, para ponerse de acuerdo en una agenda política global que combata los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y niños, la igualdad de derechos para personas LGBT, el derecho a morir dignamente y cualquier atisbo de socialismo en la economía.

Sobre la ideología de género, principal motor de su movimiento, se dijo que hace parte del nuevo orden mundial que Naciones Unidas ya instauró en varios países de Europa donde hoy “sufren sus nefastas consecuencias”. Según ellos, la ONU quiere instalarlo también en América Latina, con complicidad del Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH) y la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Así, concluyeron que la ideología de género es una imposición del Norte, una segunda colonización, un resurgimiento del imperialismo cultural que tiene a Colombia sumida en una ‘crisis de valores’, debido a la asimilación de unos ‘falsos derechos’, que no existen en la carta de los derechos humanos ni en la constitución colombiana, sino que están amparados en el ‘relativismo moral’ y la supremacía del humanismo sobre el cristianismo.

yo creo que la OEA empieza a tener un cambio desde el mandato del presidente Trump

En entrevista con la entonces diputada de Santander, Ángela Hernández, quien asistió al encuentro, dijo: “yo creo que la OEA empieza a tener un cambio desde el mandato del presidente Trump. Toma una medida drástica Estados Unidos en revertir temas como el aborto, como la ideología de género, en revisar temas como la eutanasia, como el matrimonio homosexual y como muchos otros temas que son de esta nueva corriente multicultural, que es como se han llamado”.

Hernández, quien en 2016 promovió las multitudinarias marchas y participó en el debate que logró engavetar las cartillas de Mineducación e hizo renunciar a su entonces ministra, también afirma que “personas como Alejandro Ordóñez (ex procurador de Colombia y hoy embajador en la OEA), funcionarios como el del Perú, Brasil, España, el mismo Ecuador, están ayudando a que la visión que se tiene de Latinoamérica en estos temas de sociedad sea mucho más amplia y mucho más real a lo que los ciudadanos piensan”.

¿Políticos anti-intelectuales?

“El liderazgo de la Misión Carismática se cree responsable por el futuro del país. Que el futuro del país solo puede ser próspero, sano, éticamente correcto, moralmente correcto, si está siendo liderado por cristianos”, así lo resume Rebecca Bartel, profesora e investigadora de la Universidad Estatal de San Diego en estudios latinoamericanos y religiosos.

La Misión Carismática Internacional (MCI) es sólo una de las iglesias que participan en política, la mayoría de ellas hacen parte del fenómeno neopentecostal y carismático, además del catoliscismo.

Le tienen terror a los evangélicos, porque está visto que en un mundo donde ser de izquierda y progre es casi obligatorio, ellos son capaces de catalizar una fuerza política que además de tender políticamente a la derecha, es socialmente popular.#VotoDivino

— Agustín Laje (@AgustinLaje) 24 de junio de 2019

Bartel recuerda que “la tradición de la iglesia pentecostal había sido más bien no participar directamente en la política”. El pentecostalismo es una denominación que se desprende del protestantismo, llegó a Colombia en los años 30 y hoy perviven expresiones que consideran que el único que puede gobernar es Dios y deciden no votar, es el caso de los Testigos de Jehová. También hay personas, fieles a la interpretación clásica, que asisten a los nuevos movimientos pero se abstienen de participar en elecciones.

dicen que si queremos que las políticas públicas reflejen nuestra moralidad, tenemos que meternos en la cuestión de la política

Sin embargo, durante las últimas décadas del siglo pasado Latinoamérica recibió una oleada de misioneros de las iglesias evangélicas del norte del continente, donde ya se había tejido una alianza religión-política que se consolidó en 1981, cuando apoyaron a Ronald Reagan a la presidencia de EEUU. “En Estados Unidos”, continúa la profesora, “ese movimiento de evangélicos conservadores se unen con el partido republicano en la ‘mayoría moral’, dicen que si queremos que las políticas públicas reflejen nuestra moralidad, tenemos que meternos en la cuestión de la política”.

Así, hoy tenemos en Colombia cientos de estos llamados Nuevos Movimientos Religiosos, que se ubican en la corriente protestante del cristianismo, aunque también hay sacerdotes católicos carismáticos. Entre ellos mismos hay mucha diversidad, pero en esencia se diferencian del catolicismo romano porque no están jerarquizados como esa iglesia y porque se definen anti-intelectuales, es decir, en su culto se priorizan las emociones, los sentimientos y el cuerpo, como mediador de la experiencia de Dios.

A diferencia del catolicismo, en el que los milagros son excepcionales, en esta corriente todos los asistentes al culto pueden experimentar el Espíritu Santo durante la alabanza, a través del llanto, el canto, la celebración, la sanación, asuntos que son propios del ritual pentecostal o carismático. La profesora Bartel pasó cuatro años haciendo etnografía en estos movimientos y cuenta que “esa tradición anti-intelectual es más bien pro-afecto, o sea, sentir, dejar de cuestionar todo, dejar de cuestionar tanto, dejar de preguntar tanto. Te dicen ¡déjate llevar por el Espíritu!”.

Jeferson Rodríguez es un pastor intelectual, estudió teología y da clases en el seminario bíblico, es decir que instruye a quienes serán los futuros pastores de Asambleas de Dios, movimiento al que pertenece. En Colombia hay 1.204 iglesias que de esta organización y tienen registro de 356.398 creyentes, según su página web.

Desde su perspectiva, este anti-intelectualismo está basado en un profundo deseo que tienen los creyentes de sentir a Dios, de experimentarlo íntimamente sin intermediarios o mensajeros.

a mí se me hace que más bien nuestra iglesia fue manipulada por un discurso político

Al preguntarle sobre el proselitismo político que se hizo en las iglesias alrededor de la ideología de género durante las marchas contra las cartillas, el plebiscito y las elecciones, Rodríguez responde a título personal: “a mí se me hace que más bien nuestra iglesia fue manipulada por un discurso político, pero ¿por qué fue manipulada? Porque hay algo en nosotros que es muy sensible y es el cuerpo”, que es precisamente donde se siente a Dios.

El asunto es cómo debería ser alguien que aspira ponerse en la presencia directa de Dios: debería vivir una ‘vida santa’, explica el pastor, y cuenta que por eso ellos tienen una disciplina ascética: practican el ayuno, no bailar fuera de la alabanza, no fumar, privarse de ciertos placeres y viven moralmente su deseo sexual.

Ahí es donde está el punto neurálgico de la manipulación, para Rodríguez. La amenaza que muchos vieron en la ideología de género fue que reconocía un estilo de vida ‘no santo’, reforzando de paso el estigma de que la población sexualmente diversa es ‘sodomita’: pertenecen a la ciudad que Dios destruyó con fuego y azufre en el Antiguo Testamento, porque vivían en el libertinaje, el disfrute sexual y la perversión.

Así, el engaño está en propagar que los homosexuales no pueden vivir su sexualidad moralmente, se dejan llevar por sus deseos, no llevan una ‘vida santa’ y por eso Dios nunca va a entrar en su cuerpo. De este modo, la ideología de género se presentó como una doctrina que quiere alejar a las personas de Dios y con ese argumento difundió terror entre los creyentes.

Hay que decir que en la práctica no existe un lineamiento a nivel de líderes de estas iglesias sobre cómo deben entender a la población LGBT, sino que estas son más bien ideas extendidas entre los pastores más radicales.

Precisamente, no es requisito estudiar algo de psicología, derecho o ciencias sociales para ser pastor. Lo necesario es tener el don de la palabra para convencer y el de la ‘unción’ para propiciar que sus fieles sientan a Dios en el cuerpo. Esto convierte a los pastores en líderes altamente seductores, independientemente de su acervo intelectual, lo cual resulta muy rentable políticamente.

Fe en la familia ‘óptima’

Si bien la explicación de Rodríguez da luz sobre la utilización electoral de la aversión que un sector religioso siente contra los LGBT, la profesora Bartel recuerda que en las prédicas carismáticas no necesariamente se hablaba de ideología de género: “no fue una cuestión de que ‘estamos en contra del homosexualismo’, fue más bien ‘estamos muy a favor de y preocupados por la familia’”.

La corrupta izquierda comunista por la vía de “verdes partidos alternativos”, la bancada fariana, las disidencias alzadas en armas y la eufemística “Colombia Humana” pretende convertirnos en otra sucursal cubana. Bogotá en peligro. Colombia en peligro. Nuestros hijos en peligro.

— Marco Fidel Ramírez (@7MarcoFidelR) 26 de mayo de 2019

Esto es lo que une a la diputada Ángela Hernández y todos los políticos asistentes la III Cumbre Transatlántica de Valores: “cuando nosotros empezamos a ver que es la política la herramienta que usa la ideología de género para imponer esta tendencia en Colombia, es que prendemos las alarmas y decimos ¿dónde están los senadores que defienden la familia?”, cuenta la hoy candidata a la gobernación de Santander.

Debemos fortalecer la familia como núcleo de la sociedad y una de las maneras es a través de cátedras de cívica y urbanidad en los colegios para formar desde temprana edad en valores, ética y ciudadanía #CoaliciónDespierta @coalidespierta

— Iván Duque (@IvanDuque) 3 de diciembre de 2017

La profesora Bartel explica que “se escucha exactamente la misma preocupación en los Estados Unidos, en países de Europa, la misma preocupación de iglesias conservadoras en Canadá: que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad y esa familia tiene que ser un cierto tipo de familia, la familia ‘óptima’: Mamá, papá, hijos. Y cualquier cosa que no es eso puede degenerar la sociedad”, y refuerza “es una convicción de fe”.

Para el pastor Jéferson Rodríguez, esta es una idea reciente, pues, “las iglesias en Colombia, que nacen del pentecostalismo, son iglesias de huérfanos, de madres cabeza de familia… muchas son pastoras, solas”.

Para Bartel, allí entran a jugar los niveles de frustración de los creyentes: “una de las razones por las que la gente sigue allá es porque no van a llegar a tener esta vida óptima, esta realidad óptima, nunca”, pero, “siguen fieles a la posibilidad de que, si oramos suficiente, si pactamos suficiente, si tenemos suficiente fe, vamos a lograr eso, aunque sea imposible”, la profesora no quiere terminar la idea sin concluir “pero, eso es la fe… eso es lo que es la fe”.

Y como eso es la fe, en muchas iglesias protestantes y católicas lo que se ha visto desde la coyuntura de las cartillas y luego con el plebiscito y las elecciones, es una alianza sin precedentes entre estas dos corrientes cristianas para movilizarse y apoyar candidaturas que estén en contra de la llamada ideología de género, en nombre de la ‘familia óptima’.

Estas nuevas pretensiones religiosas para cambiar leyes han sido capitalizadas por políticos profesionales para conseguir votos, pero también han promovido el nacimiento de líderes que genuinamente creen en estas banderas.

La opinión del pastor Jeferson Rodríguez lo ejemplifica: “siento que es más bien un engaño liderado por el Centro Democrático, liderado por algunos pastores que están muy vinculados con ese partido político”, pero piensa mejor y se da cuenta de que no son sólo ellos: “bueno, ahora hay un partido político, Colombia Justa y Libres, que está muy cercano a nuestras iglesias, hay un líder que es uno de nuestros pastores”. Se refiere a Eduardo Cañas Estrada, que integra el Consejo Superior de ese partido y el co-fundador de Manantial de Vida Eterna.

Tanto el Centro Democrático como Colombia Justa Libres son partidos de gobierno. Esto sin contar con el partido Mira, que es claramente la voz política de una iglesia pentecostal y también apoya al actual Presidente.

La profesora Bartel narra que, en 2009, cuando apenas iniciaba los estudios sobre la Misión Carismática Internacional (MCI), una mujer la escuchó hablando del tema con amigos en un bus, en Bogotá, y le dijo: “oiga, yo soy de esa iglesia, y todos somos uribistas”.

oiga, yo soy de esa iglesia, y todos somos uribistas

Claudia Rodríguez de Castellanos, cofundadora y pastora del MCI, es actualmente senadora por el partido Cambio Radical, pero perteneció desde 2002 a la corriente uribista y luego al Centro Democrático, al que renunció en campaña para las pasadas elecciones legislativas. Recientemente su hija, Sara Castellanos Guerra (quien igual que su madre usa el apellido de su esposo), oficializó su aspiración al Concejo de Bogotá como cabeza de lista del Partido Liberal.

La familia Castellanos expresó en redes sociales su apoyo a la candidatura de Miguel Uribe Turbay para la Alcaldía de Bogotá, luego de que éste recibiera el aval de varios partidos incluyendo al Centro Democrático.

Claudia tiene pretensiones políticas desde 1990, cuando se lanzó a la Presidencia de la República por el Partido Nacional Cristiano (PNC). Ella es también hermana del pastor Ricardo Rodríguez, fundador de Avivamiento, otra megaiglesia colombiana que participó en la renegociación del Acuerdo de Paz una vez perdido el plebiscito.

La senadora de Castellanos fue consultada por EL TIEMPO para hablar de política, el MCI y economía, pero canceló la entrevista y, a la fecha de publicación, tampoco hizo llegar las respuestas a las preguntas enviadas.

La ‘libertad de prédica’ de los pastores

Una característica de las iglesias pentecostales es que su jerarquía no es autoritaria como en la Iglesia Católica Romana. No hay un papa, ni cardenales que ordenen a los pastores. Estas iglesias están agremiadas a través de unos concilios que las unen y tienen, normalmente, unos líderes principales, pero los pastores cuentan con unos enormes espacios de libertad que les permiten oficiar dependiendo de sus convicciones personales.

Esto es importante porque en Colombia existen miles de iglesias pentecostales con nombres diferentes, diversos tamaños y pastores opuestos, con ideas encontradas sobre la paz, el feminismo y las comunidades LGBT. Además, no hay sanciones para los pastores que realicen proselitismo político con la fe.

En la investigación de Rebecca Bartel se destacan unas grandes diferencias entre las iglesias rurales y las que están en las ciudades principales. En el campo, en zonas abandonadas por el Estado y que han vivido el conflicto armado, hay pastores que predican e impulsan la implementación del Acuerdo de Paz.

Está el ejemplo de Salvador Alcántara, pastor de la Iglesia Cristiana Evangélica Cuadrangular en El Garzal, corregimiento de Simití, en el sur de Bolívar. Este pastor abogó por la paz e inspiró con sus prédicas a que los creyentes sustituyeran la coca por el cacao, fundando además una cooperativa para exportarlo y exponiéndose a amenazas de las disidencias.

Para la profesora, en las iglesias de ciudad, que muchas son megaiglesias (instalaciones enormes a las que asisten 30 mil a 80 mil creyentes) hay más resistencia al Acuerdo de Paz y, en general, a todo lo que pueda modificar el sistema económico actual neoliberal con ideas de izquierda.

Bartel coincide con el pastor de Asambleas de Dios en que la otra cara son expresiones como el Diálogo Intereclesial por la Paz de Colombia (Dipaz) y la ong menonita, Justa Paz. Estas son muestras de que muchas de estas iglesias aportan a la implementación del Acuerdo de Paz en territorio, incluso con dinero, aunque haya pastores que prediquen en su contra.

algunas iglesias invitaron a los candidatos, los que ahora son los senadores de Colombia Justa y Libres… pero otras realmente no hicieron ningún tipo de proselitismo

Jeferson Rodríguez recuerda que en 2016 no había encuentros que no terminaran en la pregunta por el plebiscito y la ideología de género. Él dice que ese asunto los dividió incluso entre pastores y que una parte de esas divisiones persisten: “algunas iglesias invitaron a los candidatos, los que ahora son los senadores de Colombia Justa y Libres… pero otras realmente no hicieron ningún tipo de proselitismo”, recuerda.

El pastor Rodríguez también recuerda que en el seminario bíblico de su iglesia muchos estaban por el Sí, igual que la Red Universitaria de Asambleas de Dios. Con todo eso, Rodríguez cree que dentro de su iglesia ganó el No.

Además, dentro de la ideología de género también se incluyó el enfoque diferencial para las mujeres afectadas por la violencia. Esto tiene una explicación más compleja que Bartel explica así: “cuando una familia se convierte al pentecostalismo les dicen que el hombre tiene que dejar de tomar, tiene que dejar de buscar otras mujeres, tiene que dejar de apostar, todas estas prácticas que para la mujer, le hace la vida mucho más fácil”.

Estas cosas ayudan a que haya más dinero en el hogar, además, en las iglesias se condena la violencia intrafamiliar.

“Entonces las mujeres van a esas iglesias también buscando el milagro de que su esposo se va a convertir, o sus hijos se van a convertir, porque le da muchas más posibilidades a ella y su economía doméstica”, concluye la profesora.

Así, la transmisión de un esquema de familia patriarcal tiene éxito. La profesora cuenta que el gran error que vieron muchos cristianos en el enfoque diferencial del Acuerdo de Paz fue que “la mujer figuraba sola”, y “la mujer misma no merece sus derechos individuales, es decir: la mujer no puede existir sola”, porque tiene que existir es dentro de la familia. Como resultado de esta interpretación, no debe haber derechos para las mujeres sino derechos para las familias, siempre y cuando sean ‘óptimas’.

No necesitamos la “perspectiva de género”, lo que necesitamos es la perspectiva de familia.

— Marco Fidel Ramírez (@7MarcoFidelR) 24 de junio de 2019

Los más seductores son los más radicales

Una persona con unas ideas más reconciliadoras no llama tanto la atención como alguien que está con mano dura y que está gritando

La conversación con el pastor Jeferson Rodríguez, quien cuenta con 35 años de edad y no se viste de corbata, que sonríe con un dejo de incredulidad cuando habla de ideología de género y que acepta que hay proselitismo político y pactos económicos por milagros dentro de su propia denominación, sin que reconocerlo merme su fe, da pie para preguntarse: ¿por qué, si existen pastores dentro de las mismas iglesias que no quieren usar la manipulación con sus fieles, los que están en la política son precisamente los que sí lo hacen?.

“Las tesis sociológicas tienen todo el sentido […], pero se me hace que están limitadas por el simple hecho de hacer que la gente sea un tonto”, dice Rodríguez amparándose en su propia experiencia pastoril. La gente, arguye, siempre tiene la opción de irse. ¿Por qué no lo hace?

“También hay un asunto de un deseo de la gente, no sé si un asunto más bien de América Latina, de preferir caudillos […] Una persona con unas ideas más reconciliadoras no llama tanto la atención como alguien que está con mano dura y que está gritando”, es la explicación que el pastor ha encontrado a sus propias preguntas cuando ve que quienes llegan a su culto, después de asistir a alguna megaiglesia, no se conectan con su estilo de predicar.

“Pero lo que yo sí quiero hacer énfasis es que detrás de todo eso hay una idea muy muy fuerte de sentir a Dios”. Dice para terminar, “y es posible que esa idea de sentir a Dios se manipule. Eso sí es verdad”.

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