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Cultura sin ánimo de pérdida


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Uno de los puntos de desarrollo de un país se refleja en la oferta cultural para el disfrute de los ciudadanos y, en el caso de Colombia, es común ver cómo cada vez vemos más escenarios, manifestaciones, éxitos y ejemplos de vida asociados a la cultura.

Si buscamos en nuestra memoria nombres colombianos de escritores, pintores, escultores, cineastas, músicos, cantantes y actores, la conclusión nos infla el pecho, pues es otro motivo para sentirnos orgullosos de la capacidad de trascender en la identidad de país y también ante el mundo.

En años pretéritos los asuntos relacionados con la cultura eran reservados a una pequeña parte de la población pero hoy el acceso a la educación, a los medios, a las redes sociales y la capacidad e interés en reconocer el talento hace más incluyente, universal y diversas las formas de ser exitoso.

Por la educación que me brindaron mis padres, tuve la oportunidad de disfrutar del teatro, entender la capacidad de enseñanza, admirar la creatividad, memoria y coordinación de todo el ensamblaje que, función tras función, deben trasmitir el mensaje, despertar las emociones y sensaciones con la misma magia.

En Colombia, el Teatro Nacional ha urdido una historia llena de vicisitudes con felicidad pero también con dramas como un atentado terrorista, ha sido escuela y universidad, principio y final de carreras, y hogar de talentos iluminados como Fanny Mikey y Tito De Zubiría.

Hoy, El Teatro Nacional nos está enseñando que la denominación “sin ánimo de lucro” no significa “con ánimo de pérdida”, pues con taquilla y otras ventas han asegurado su salud financiera. Con el compromiso de todo el equipo, en 2018 lograron 782 funciones* con un total de 253.000 asistentes, empleo a 174 actores y 100 personas técnicas y de soporte, además de los proyectos de responsabilidad social en las zonas de la consolidación. Esto, sin contar con el proyecto pedagógico escolar en Bogotá, en el cual participaron 58.057 niños.

La invitación es a apoyar a quienes quieren seguir las carreras artísticas, a creer en nuestras iniciativas culturales, a comprender que la llamada “economía naranja” sí funciona y, finalmente, a ir al teatro pues es claro que en la mayoría de centros educativos y municipios hay grupos de teatro que alejan los vicios, acercan la realización personal y nos enseñan a ver, sentir y escuchar !

*Información Teatro Nacional 2018

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