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No desperdiciemos la bonanza


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Mientras el vecindario de Colombia arde con marchas en Chile, un cierre de congreso en Perú, elecciones fraudulentas en Bolivia, el regreso de la diosa del populismo en Argentina y protestas contra la mordaza del poder que mantiene Maduro en Venezuela, la economía colombiana rompe récords de crecimiento del PIB con un esperanzador 3,3%. Con esta perspectiva económica positiva se retoma el camino de mejora de los indicadores de pobreza abandonado durante el segundo mandato Santos.

En el frente interno preocupa que la sociedad civil colombiana, en un harakiri, haga de las protestas un tatequieto al desarrollo. A pesar de que parece primar la sensatez en la mayoría de la población, algunas organizaciones como los sindicatos o los estudiantes, acostumbradas a ejercer presión, han estado respaldadas por algunos grupos políticos que se benefician de la anarquía y la desestabilización que generan las marchas.

Sin embargo, a pesar de la eventual desestabilización que puede provenir del frente interno, las noticias que provienen del entorno internacional son positivas y alentadoras para el crecimiento. Históricamente nuestro desempeño económico ha estado modulado por la disponibilidad de fondos para inversión en el país, no solamente en forma de inversión extranjera, sino también porque los colombianos solventes mantienen su patrimonio en el país. Estos fondos pueden provenir de las exportaciones de materias primas, repatriación de capitales, inversión extranjera o capitales golondrina, todos positivos para el país en diferente medida.

Los ciclos de crecimiento de los mercados emergentes como Colombia dependen de lo que sucede en el primer mundo. Por lo general cuando se bajan las tasas de interés de los países más desarrollados con la finalidad de impulsar su economía, los bajos rendimientos de los instrumentos de deuda (o de renta fija) foráneos permiten que parte de esos capitales tomen rumbo hacia Colombia, ya sea comprando bonos soberanos que financian al gobierno o invirtiendo en infraestructura u otros emprendimientos empresariales desde el sector privado.

Recientemente, la Reserva Federal, equivalente a nuestro Banco de La República en Estados Unidos, ha bajado las tasas de interés en Estados Unidos para impulsar la economía. Como mencionado anteriormente estas son buenas noticias para Colombia, que en la medida que mantenga controlado su frente interno, debería ver una mejora en el componente de inversión de su balanza de pagos.

Estas nuevas circunstancias, que ayudan a solventar las consecuencias negativas que perduraron en las finanzas públicas por la caída en el último lustro de los precios de las materias primas, permiten que el gobierno sea menos agresivo en su política fiscal y empiece a bajar los niveles de tributación. La combinación de menores impuestos para las empresas y las personas naturales y, mayor disponibilidad de capital para inversión en el país es, en el argot de algunos participantes de las marchas, una papa bomba o un coctel molotov para impulsar la economía que se revertiría, entre otras, a mejorar las condiciones de los marchantes.

Sería muy triste que, cuando el entorno internacional mejora para el país, la inestabilidad interna no nos permita captar el bienestar que se nos avecina: algo equivalente a no aprovechar la bonanza cafetera o los altos precios del petróleo.

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