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Columna de Clara Rojas ¡Cómo si fuésemos un país rico! – Más Opinión – Opinión



Ayer después de ver los resultados del paro, me embargó un sentimiento amargo, me acosté con tristeza, apesadumbrada; cosa que confieso, hace muchos años no sentía, pues si bien la jornada ocurrió relativamente en paz, sin más muertos, y daños excesivos; me quedé con la sensación que el tema del paro es como un despilfarro, hablamos de lucha anticorrupción, porque la plata de todos se la roban, se pierde, pero cuánto ha perdido el país no solo en vidas humanas, y lesiones, afectados principalmente jóvenes ya sean policías o estudiantes, sino en términos de tiempo y dinero.

Debe ser que soy mamá, y me preocupa que mi hijo no haya podido ir a sus clases todos estos días, siendo aún menor de edad, pues sin duda es un traumatismo para su rutina normal, la pérdida de horas clase (más de 25), su alimentación de colegio, pues algunos días o no pudieron ir, o salieron más temprano y nos les dieron el almuerzo completo.

Como madre cabeza de hogar esto trastorna nuestras jornadas y he sentido cierta tensión adicional pues debo seguir trabajando, pero estar pendiente de él y sus comidas en un horario que no lo tenía previsto, pero además muchos de mis ingresos dependen del trabajo hora que realizo y si se interrumpen las actividades pues, por supuesto, los ingresos también, y las cuentas siguen. Eso en una situación muy puntual.

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Multipliquemos por cientos, miles de millones de mujeres cabezas de hogar que les corresponde afrontar situación semejante. Pero qué decir de la suspensión del acceso a la justicia. Muchos clamamos por justicia y qué absurdo que la respuesta sea cerrar los juzgados para anquilosar más los expedientes y los procesos, de lo que de por sí es ya lento, pero qué decir de los enfermos, ¿cuántas personas tuvieron que reprogramar sus citas previstas en estos cinco días? ¿Pero qué decir de las personas que para volver de sus trabajos caminaron horas (4 en promedio) para poder llegar a sus casas, alargando su jornada laboral casi al doble por falta de transporte público?

Obvio, no todos podrían pagar taxi, les descuadra sus quincenas para poderse alimentar. Y seguramente podría seguir alargando la lista. Pero el otro sentimiento de tristeza que me embargo, es ver que había miles de personas tan disconformes, tan resentidas, como si carecieran de sentido en sus vidas.

Recuerdo cuando estuve secuestrada y tenía claro que por más dura que fuera la situación, no podía dejar que mi vida careciera de sentido, por voluntad de Dios logré mantener la calma, la paciencia, la fortaleza, cuando no tenía ni siquiera reloj, techo, muchas veces ni comida, nadie con quien hablar, muy cerca de la muerte, incluso creo que alcancé a estar muerta, pero volvía a la vida, y cuando me liberaron, pensé que ya había visto todo…

Cuando me liberaron deseaba con todo mi ímpetu volver a la situación normal de trabajar y vivir, de manera que cuando estos días querían impedirnos trabajar, sentí desconcierto, desconcierto por aquellos que no sienten los bienes públicos como propios, no los cuidan, piensan que fueron de fácil adquisición, pero eso no es así.
Pero, además, piensan como el chico que auxilió a Dilan (q.e.p.d) que el enfrentamiento con el Esmad, en sus propias palabras que escuché en Caracol radio “era un juego”, en eso estaban corriendo de un lado para el otro cuando lo alcanzó la muerte.

Las marchas no pueden tomarse como un juego, ni al Esmad tampoco. Me pareció triste que en las marchas llevaran bebés y niños, exponiéndolos a un riesgo innecesario, y mucho menos que los entrevisten para manipularlos, me pareció increíble que algunos jóvenes marcharan totalmente desnudos, no porque eso este mal o bien, ¿pensé qué sentido tiene esto? ¿Estarían bajo el influjo de sustancias sicoactivas? ¿Y allí transitan bebés y niños?

No me hizo mucho sentido, es como llevarlos a una corrida de toros. En fin, yo no estaba antes de acuerdo con reglamentar las marchas, pensaba que no era necesario, pero frente a estas situaciones, lo considero como una alternativa.

Recibí bien la propuesta del concejal electo Carlos Fernando Galán de señalar horarios y sitios para realizar las protestas, y le agregaría a los que soliciten la marcha, hacerlos firmar póliza por buen manejo y daños a terceros, no nos equivoquemos: marchar tiene un riesgo, y ese riesgo se llama vandalismo, y si con las marchas se causan daños a la vida e integridad de las personas y daños materiales a los bienes del Estado o de terceros, quienes convocan deben asumir una responsabilidad.

Es como el tema de las barras bravas en los equipos de futbol. Este no es un país rico. ¿Cuánto nos vale la recomposición de las 26 estaciones dañadas de 110 de Transmilenio, más el daño emergente de muchos ciudadanos que no pueden usar las estaciones cerradas para llegar a sus trabajos o a sus casas? O los comercios que fueron afectados en la noche del pasado jueves 21 en el centro de la ciudad, o de los supermercados como el ARA en el sur, ¿o de los hogares que les fueron violentadas sus cerraduras para robarles? ¿Quién paga eso, más la intranquilidad que sufrieron?
¿Solo en Bogotá, cuánto dinero se perdió, 50 mil, cien mil millones? ¿Con ese dinero cuántos puestos de trabajo se podrían crear, en emprendimientos sostenibles? ¿Cuántos colegios se podrían construir? ¿Cuántas cosas se podrían hacer?

Me pregunto si ese despilfarro no es una forma de corrupción moral, como si algún Gobierno pudiese resolver todos los problemas, tengamos claro que no.
Recordemos las palabras ilustres de un gran hombre: “no es lo que el Gobierno puede hacer por ti, es lo que tú puedes hacer por este país para que sea mejor” (la negrilla es mía).

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Quiero finalizar diciendo que yo fui una de las millones de personas que voté e invité a votar por el presidente Iván Duque, y la vicepresidenta Martha Lucía Ramírez, intentando acertar en una disyuntiva que tampoco era fácil, como tampoco lo era la opción de quedarme en la postura del voto en blanco.

Reconozco que no les ha ido del todo bien, pero lo que si hay que aceptar es que ganaron en franca lid. Históricamente he tenido una postura de respeto por la figura presidencial y por las instituciones, cuando la vida y los ciudadanos me han dado su voto de confianza para ocupar algún escaño público, he tratado de servir, porque creo en los cambios desde adentro, de manera que en esta oportunidad voy a seguir acompañando la figura del presidente legalmente elegido porque esa es la base de la democracia en la cual creo.

Invito nuevamente a mis conciudadanos a actuar con calma, con ponderación, lo que tenemos hoy como país, hasta donde hemos llegado como sociedad, máxime después de los acuerdos de paz, es muy importante. Cuidemos los logros alcanzados, valoremos nuestro país, valoremos lo que tenemos.

A los líderes de las marchas, los invito a aprovechar las oportunidades de diálogo social, que no les pase como a las Farc, y disculpen la comparación, pues obvio que no son lo mismo, ¿cuántas veces se levantaron de las mesas de negociación? ¿Cuántos años? ¿60 años en conflicto? ¿Cuántos muertos nos costaron su soberbia? ¿Cuántos secuestros, cuántos desaparecidos? Hasta que por fin entendieron que el diálogo era el camino.

En esta oportunidad, el diálogo social, al cual se abrió la puerta, es el camino, no la desaprovechen, por lo que más quieran, mostrar la humildad en los corazones y aprendamos a escucharnos, para construir consensos y hallar conjuntamente soluciones, y seguramente saldremos fortalecidos como país, como sociedad, como ciudadanos, como democracia, como individuos.

CLARA ROJAS

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