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Tecnología inclusiva, un gana-gana


La inclusión de personas con diferentes capacidades es un catalizador de ideas disruptivas

Según Naciones Unidas, más de 1.000 millones de personas en todo el mundo experimentan alguna forma de limitación física o cognitiva. En Colombia, se estima que la cifra asciende a 3 millones. Pero en esas cuentas no están todos los que son: el 70% de las discapacidades son “invisibles” o no se asumen como tales, como sucede con los problemas de aprendizaje, la dislexia o incluso alguna condición emocional que impacta nuestra habilidad para desarrollar todo nuestro potencial. Ni hablar de las limitaciones de las cuales nadie se libra, aquellas que son fruto de un accidente, una enfermedad temporal o las que nos llegarán a todos con el paso del tiempo, cuando nuestros ojos y oídos no estén tan aguzados, o nuestros movimientos sean menos ágiles. Todos, sin excepción, tenemos o tendremos alguna discapacidad.

Sin embargo, en ocasiones actuamos como si esto no fuera así. La discapacidad es el elefante en la sala del cual nadie habla y cuya presencia es imposible ignorar. No tomarla en cuenta implica dejar sin oportunidades a por lo menos una sexta parte de la humanidad, desperdiciar una fuente enorme de talento y de riqueza, e ignorar que en esa situación estaremos todos.

Gracias a la innovación y a los avances tecnológicos como la Inteligencia Artificial (AI), sectores de la población que usualmente quedaban marginados, tienen hoy posibilidad de empoderarse y superar múltiples obstáculos. En programas y herramientas que usamos todos los días encontramos ejemplos que han logrado lo que hasta hace poco era inimaginable: que quienes no ven puedan leer, quienes no oyen sean escuchados, o quienes no gozan de total movilidad puedan accionar los comandos de un computador con su mirada. Las opciones de aumentar el tamaño de la letra de una pantalla, eliminar las distracciones o separar el texto en palabras o sílabas habilitan a las personas con dislexia, disgrafía o déficit de atención para aprender y trabajar normalmente. Funcionalidades que ya están en cualquier computador leen contenido en voz alta y convierten el texto escrito en audio, o pasan la voz a texto escrito para facilitar la experiencia de persona con discapacidad visual o motora.

Pensar ya no sólo en hacer más accesibles los productos existentes sino en innovar para la inclusión y ponerla en el centro del diseño de los productos logra cosas asombrosas. Moovit se puso en los zapatos de una persona en condición de discapacidad y habilitó lectores de pantalla, interfaces amigables y localizadores de estaciones de transporte público accesibles para sillas de ruedas, para que muchos que antes no se atrevían, salieran a la calle y se abrieran al mundo. La aplicación SeeingAI usa un teléfono móvil para “narrarle la vida” a las personas con limitaciones visuales. El Control Adaptativo de Xbox acerca los videojuegos a todos, sin que los exigentes botones de sus controles impidan que todos puedan jugar y ganar.

Los beneficios de poner la creatividad al servicio de la inclusión están lejos de impactar sólo a quien tiene habilidades diferentes. Los más beneficiados suelen ser quienes crean y fabrican esos productos, pues pensar en la accesibilidad implica unir personas, historias, ideas y perspectivas distintas. Esa colaboración, esa riqueza de habilidades y puntos de vista diversos es un detonante de la creatividad y la innovación, estimulan la empatía, la comprensión y colaboración con el otro. Es un gana-gana, dónde nadie se quede atrás.

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