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Expresidente Samper habla del proceso 8.000 y del crimen de Álvaro Gómez – Partidos Políticos – Política



Veinticinco años después de algunos hechos que estremecieron al país, como el ingreso de dineros del narcotráfico en una campaña presidencial y el crimen del destacado dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado, el expresidente Ernesto Samper, protagonista de primera línea de ese momento, se decidió a contar varias verdades al respecto.

Samper ha estado acudiendo a la Comisión de la Verdad, instancia constituida para levantar la memoria histórica del país y hacer recomendaciones para que no se repitan esos episodios, para hacer su relato.

En este diálogo con EL TIEMPO, el expresidente pidió “disculpas” al país por haber permitido que dineros mal habidos, provenientes del cartel de Cali, hubieran ingresado a su campaña a la Presidencia, en 1994.

También reveló que Alejandro Ordóñez, exprocurador y hoy embajador en la OEA, fue uno de los conspiradores que querían derrocarlo y dijo que tenía la impresión que la cita que le había pedido Álvaro Gómez días antes de su muerte era para ponerlo al tanto del golpe de Estado que se estaría fraguando.

Después de estos años, ¿qué reflexiones ha hecho sobre el proceso 8.000 y el crimen de Álvaro Gómez?
Sobre el proceso de la financiación de mi campaña, lo que pasa es que se vino a saber muy tarde todo lo que había pasado. Yo no le mentí al país cuando le dije que no sabía y que había sido a mis espaldas, porque era la verdad. Solamente en el momento en que Botero me acusó comenzamos a reconstruir la contabilidad de la campaña y nos dimos cuenta de que había gente que había dado recursos que no aparecían registrados en la contabilidad -y era una suma bastante grande-, pero había otra suma preocupante y eran unos dineros que se suponía que nos habían dado en Estados Unidos que nunca llegaron a Colombia. No llegaron porque, en reemplazo de ellos, se metieron los dineros que habían negociado los administradores de la campaña con el cartel y eso explica por qué, además, no sabíamos, porque nadie sabía qué era lo que estaba pasando. Quedé tranquilo porque creo que la opinión tenía derecho a saber que no le dije mentiras cuando dije que no sabía y reconocí, como lo hice este jueves en la Comisión de la Verdad, que en efecto se infiltraron en mi campaña dineros mal habidos. Además, pido disculpas porque esto hubiera sucedido. No hubiera querido yo jamás que sucediera, pero también este testimonio tiene un objetivo y es que no se vuelvan a repetir las cosas y veo con cierta preocupación que se siguen utilizando, ya no los recursos de la droga, pero sí los recursos públicos para financiar las campañas de manera irregular, por eso creo que una conclusión de esta comparecencia mía a la Comisión de la Verdad es que deberíamos pensar, ahora sí, en promover una ley de financiación estatal de las campañas.

¿Cree que el proceso 8.000 y las acusaciones de que usted tuvo que ver con el crimen de Álvaro Gómez lo han lesionado políticamente?
Cada uno carga con su cruz. A Belisario le tocó la cruz del Palacio de Justicia; a Gaviria, la de la volada de Pablo Escobar; a Pastrana, lo de El Caguán; a Uribe, los ‘falsos positivos’, cada uno carga con lo suyo, y a mí me tocó este peso, este orangután, pero me he acostumbrado a explicarlo y, de alguna manera, a aceptar que fue una parte de mi gobierno, así como hubo otras partes que puedo mostrar.

Pido disculpas porque esto hubiera sucedido, no hubiera querido yo jamás que sucediera, pero también este testimonio tiene un objetivos y es que no se vuelvan a repetir las cosas

Usted ha dicho que Fernando Botero, director de la campaña, y Santiago Medina, tesorero, fueron los responsables del ingreso de dineros del cartel de Cali a su campaña y se lucraron de ello, ¿qué fue lo que ellos hicieron?
Ellos montaron en la campaña una operación criminal que consistía en quedarse con unos recursos limpios que teníamos en Estados Unidos, que había dado gente intachable a la campaña, y meter los dineros del cartel de Cali como si se tratara de los recursos limpios que estaban llegando desde Nueva York. Eso fue lo que confundió totalmente. Yo siempre pensé que Botero era inocente y que estaba defendiendo la campaña, hasta el momento en que decidió acusarnos a los demás de lo que ellos habían hecho.

¿Cómo llegaron ellos a la campaña?
Yo nombré a Botero porque era una figura importante: hijo de Gloria Zea, nieto de Germán Zea, hijo del pintor (Fernando Botero), pues tenía todas las condiciones para haber manejado la campaña de una manera impecable. Y a Santiago Medina lo nombró Botero. Él había ido tesorero de la campaña del Partido Liberal, de la del Nuevo Liberalismo, era vendedor de cuadros, anticuario, era una persona sobre la que no había sospechas en ese momento.

¿Se arrepiente de haber dejado todo el manejo de campaña en ellos?
Creo que eso es lo que me ha pasado durante toda mi vida y en eso reconozco que mi mujer tiene razón y es que, en estos temas terrenales, en la parte económica, operativa reconozco que soy un poco descuidado porque, no sé, ando con los temas políticos, en las apuestas. Sin embargo, yo tomé algunas precauciones: un código de ética que manejaba Jorge Valencia Jaramillo, que era el veedor ético, sabíamos que nos podían afectar por ese lado y tomamos algunas precauciones, pero obviamente la persona responsable de toda esa alambrada de garantías era el director de la campaña, que era Fernando Botero.

¿Por qué cree que el otro candidato, Andrés Pastrana, no aceptó su propuesta de denunciar juntos el episodio de los narcocassettes con los que comenzó todo este proceso?
Porque creo que él pensaba que podía utilizar el episodio en contra mía ya que había perdido las elecciones. Fue un mal perdedor y le hizo mucho daño al país internacionalmente hablando mal del país, del gobierno. Inclusive, tardíamente me mandó unas cartas de felicitación cuando fue capturado el cartel de Cali.

Andrés Pastrana Arango, expresidente de Colombia, quien compitió en 1994 por la Presidencia con Ernesto Samper.

Foto:

César Melgarejo / Archivo EL TIEMPO

¿Pastrana lo felicitó cuando se dio la captura del cartel de Cali?
Claro. No me acuerdo qué me decía, pero me mandó una carta diciendo que venía una nueva época. Yo no le contesté, pero tampoco lo hubiera hecho desobligantemente.
Eso era un testimonio de acercamiento.

¿Tiene relación en este momento con Pastrana?
Es una relación inexistente, es como la de (Donald) Trump con (Bernie) Sanders.

¿Cómo fue esa supuesta negociación en que estaba el cartel de Cali con la Fiscalía cuando sucedieron estos episodios y por lo cual lo relacionan a usted con esa organización ilegal?
Realmente la política que se puso en marcha durante el gobierno de Gaviria, y yo estuve de acuerdo, era buscar una salida pacífica con los carteles. No se pudo con el de Medellín, pero se intentó con el de Cali. Era una especie de sometimiento voluntario con algunos beneficios y el principal era la no extradición. Esa política la desarrolló Gustavo de Greiff, entonces Fiscal General. Entiendo que al final hubo una fuerte oposición de Estados Unidos cuando yo todavía no era presidente y la manera de manejar eso por parte del gobierno de Gaviria fue negarles la posibilidad de que tuvieran una cárcel segura, lo cual hizo que esa política comenzara a naufragar, pero creo que era una política sensata, porque era simplemente ‘usted cuente la verdad, entregue los bienes, sométase a la justicia, nos cuenta cuáles son sus canales, sus contactos y a cambio de eso va a tener un juicio justo y la cárcel segura.

¿Esa negociación en la que estaban los jefes del cartel de Cali con el Estado colombiano tuvo algo que ver con su campaña?
Pero para nada. Fue un poco el veneno de una pregunta que me hicieron este jueves. Nunca hubo ningún tipo de contacto ni muchísimo menos de acuerdo con el cartel de Cali. Si haber apoyado la política de sometimiento de Gaviria, que estaba desarrollando el fiscal De Greiff, se considera un acuerdo, pues era un acuerdo de carácter general o político, pero a mí me exoneran los resultados: que hayan capturado al cartel de Cali, que se haya establecido la extinción del dominio y que se haya establecido la extradición.

Todos estos episodios dieron pie a otro tema que fue la conspiración contra su gobierno, ¿cómo eran esos documentos que usted conoció y en los que se estaba preparando este tema?
Cuando el Gobierno ve que está comenzando a armarse una conspiración, comenzamos a tener datos concretos de en qué estaban. Se produce el secuestro de Antonio José Cancino y se ve que la conspiración no es una primera comunión, sino una extremaunción. Tal vez para cubrirse o curarse en salud, Rómel Hurtado, que era una persona complicada, me manda a través de una persona amiga, en común, todos los documentos de la conspiración.

Nunca hubo ningún tipo de contacto ni muchísimo menos de acuerdo con el cartel de Cali

¿Y qué eran esos documentos?
Proyectos de decretos cerrando el Congreso, impidiéndole a la Corte Constitucional que se pronunciara sobre los motivos de una conmoción interior, decretándola, extraditando a los narcotraficantes, entre otros.

¿Y a quién buscaban poner en el poder tras derrocarlo a usted?
Ellos tenían dos tendencias: unos tenían una idea democrática entre comillas, porque de todas maneras los procedimientos no eran los más democráticos, que era subir al Vicepresidente, que era todavía De la Calle. Y la otra línea lo que quería era un golpe militar, que asumieran los militares. Y los documentos eran los preparativos de los que pensaban hacer cuando ya se diera el golpe.

¿Por qué ha dicho que Álvaro Gómez se negó a participar en ese golpe?
Esa es mi hipótesis: que a Álvaro Gómez le propusieron que se vinculara a la conspiración, él no le quiso jalar y lo mataron.

¿Quiénes eran, con exactitud, esos conspiradores?
Había de todo: había unos sociales, en los que la parte fuerte eran periodistas que se reunían a conspirar, jugando al Watergate, y también personas que estaba en la oposición y que eran legítimos. Había otros ideológicos, que eran personas de derecha que estaban ya trabajando estos documentos, estilo Alejandro Ordóñez, Hugo Mantilla, Plinio Apuleyo.

¿Alejandro Ordóñez estaba en ese grupo?
Claro, es que el eje de la conspiración estaba en Bucaramanga, porque ahí se encontraban los conspiradores ideológicos con los conspiradores militares. Alejandro Ordóñez debía ser magistrado de algún tribunal o abogado litigante, pero estaba metido en eso.

Y había militares…
Había militares, algunos de la rama de inteligencia que estaban metidos en el cuento.

¿Había algunos de la cúpula militar de entonces?
No, que yo sepa no.

Hablando de Álvaro Gómez, ¿cómo era su relación con él?
Era muy buena relación, teníamos una buena amistad personal. Yo participé en su liberación del secuestro del M-19. De hecho, yo tenía tres ministros ‘alvaristas’ en el que momento en que murió: estaban Daniel Mazuera, que era su sobrino, Rodrigo Marín, que había sido su mano derecha, y Juan Carlos Esguerra, que había sido constituyente de su movimiento. Además me apoyó políticamente y tenía una frase que a mí me parece que resumía mi propio conflicto y que decía ‘Samper se tiene que ir, pero no se puede ir’.

Álvaro Gómez Hurtado fue asesinado en 1995.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

¿Cómo fue el episodio de la cita que él le pidió a usted días antes de su muerte?
Una semana antes me había hecho una solicitud de una cita personal. Yo tengo la idea de que era para contarme todo esto. Estaba muy reciente lo de Cancino y tengo la impresión de que era para contarme algo grave.

¿Cómo vivió esos meses en los que se habló en el país de conspiración y ruido de sables?
La verdad con mucho insomnio, no son los mejores momentos, pero Colombia se maneja por crisis. Los presidentes de Colombia lo que manejan son crisis. Se levantan a las 8:00 de la mañana, preguntan qué crisis hay, la manejan hasta que llega la crisis del mediodía, ahí manejan esta hasta que llega la crisis de la tarde y cada una va matando a la otra.

Un sobrino de Álvaro Gómez ha manifestado que en la DEA hay información de una reunión suya con el cartel de Cali en la que usted les habría pedido que asesinaran al dirigente conservador, ¿qué decir de esto?
No conozco a ningún Rodríguez Orejuela ni he estado en ninguna reunión. En esa época no se hablaba de las fake news (noticias falsas), pero todo eran noticias falsas que se ponían a rodar en los medios y eso se iba abonando a la construcción de un edificio de mentiras que terminaban volviéndose verdad.

¿Por qué cree que la familia de Álvaro Gómez está tan convencida de que usted tuvo participación en ese crimen?
No, yo creo que ellos ya se han bajado de ese bus, porque no llegaba a ninguna parte. La pregunta es por qué desviaron la atención de la investigación que venía haciendo la Fiscalía por varios años y que estaba comenzando a dar resultados y que iba a terminar demostrando, como lo he señalado, que a Álvaro Gómez la gente de la conspiración le propuso que fuera un presidente de facto, a nombre de la conspiración, y que él no le quiso jalar y eso le pudo haber costado la vida. Ese es el tema de fondo que a mí me desvela, por qué la familia, en lugar de seguir por el camino correcto de la investigación, de la justicia, la verdad, de la dignidad, se empeña en crear la figura que fue un crimen de Estado, que fue el cartel de Cartago, del norte del Valle, cuál es el interés de desviar la investigación.

¿Se arrepiente de algo?
Sí, hubiera querido no pasar por ese trago amargo, me arrepiento de no haber tenido los controles de la campaña, de no haber sabido antes lo que había pasado para haberlo podido reconocer, en fin, uno se arrepiente de tantas cosas.

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