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¿Por qué no cae la bolsa?


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Con colaboración de Diego Fernando Agudelo López.

El crecimiento económico mundial en 2019 fue de 3% de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, su nivel más bajo desde la crisis financiera de 2008. Sin embargo, el mundo se encuentra listo para pasar la página y dejar atrás aquella mala noticia.

El reflejo de ello son las fuertes valorizaciones que se han visto en casi todos los activos, principalmente en las acciones de las economías desarrolladas. Por ejemplo, el índice S&P500 que agrupa el comportamiento de las 500 empresas más grandes de EE.UU. por capitalización bursátil alcanzó un impresionante retorno de más de 30% en 2019 y en lo corrido del año ya acumula una ganancia de 4%.

Estos comportamientos podrían ser desconcertantes y con más razón debido al inesperado brote del coronavirus el cual ya supera las 75.000 personas infectadas y más de 2.000 fallecidas. Aún no se sabe con certeza las implicaciones económicas de este evento, pero las estimaciones preliminares no son muy alentadoras.

De acuerdo con una encuesta reciente, liderada por el portal financiero Bloomberg, el consenso de los economistas estima que China crecerá 4% en el primer trimestre de 2020 (1T20), dos puntos porcentuales menos de lo estimado anteriormente. No obstante, este efecto se iría disipando en el tiempo y tendría un impacto en el crecimiento de la economía de 0,4% en todo el año, alcanzando un ritmo de 5,5% al finalizar 2020, su menor crecimiento desde 1990.

Por otra parte, algunas empresas han dado a conocer que sus ingresos y utilidades esperadas se verán afectadas por el virus, como es el caso de Apple. El gigante tecnológico advirtió en un comunicado que la producción y ventas de iPhone están siendo afectadas debido a interrupciones en la cadena de producción y el cierre temporal de sus tiendas. Por lo tanto, no cumplirá el pronóstico de sus ventas correspondiente al 1T20, estimado entre US$63.000 y US$67.000 millones.

Entonces, ¿por qué no cae la bolsa? En primer lugar, estos choques externos suelen tener una vida muy corta. Causan conmoción en el momento, pero tan pronto como se conozcan señales de mejora, el optimismo retorna. En el caso del coronavirus, el 29 de enero la tasa de crecimiento de los contagios en el núcleo del brote -la provincia de Hubei- era de 32%, al 17 de febrero cayó a 3%, apuntando a que el pico está cada vez más cerca. Adicionalmente, el 99% de los casos confirmados son en China, que se puede interpretar como una contención exitosa del virus.

En segundo lugar, los bancos centrales se encuentran comprometidos a utilizar todo su arsenal para evitar cualquier situación de estrés que ponga en riesgo el desempeño económico del mundo. Como es el caso de la Reserva Federal que desde octubre de 2019 ha comprado mensualmente bonos del tesoro a corto plazo y ha inyectado más de US$400.000 millones al sistema financiero estadounidense con el objetivo de cubrir necesidades liquidez. Otro ejemplo es el Banco Popular de China, que tan pronto como iba avanzando el brote del virus, inyectó US$200 millones y redujo su tasa de interés de préstamos a mediano plazo a instituciones financieras para generar estímulo.
Estas respuestas de los bancos centrales los inversionistas lo podrían entender como un seguro ante tiempos tenues y de volatilidad. Algo muy similar a la creencia del mercado financiero frente a la conocida “Fed put”, la cual se refiere a la noción de que el banco central -en este caso la Reserva Federal (Fed)- tome medidas para soportar el mercado de valores cuando hay caídas o altos niveles de volatilidad.

La tercera razón de que la música no deje de sonar es la expectativa de que el mundo acelerará moderadamente a pesar del choque externo vivido. El Fondo Monetario Internacional (FMI) reiteró que la economía global pareciera que está tocando fondo y presentará un mejor desempeño en 2020. En palabras de Kristalina Georgieva, directora del FMI, el escenario más probable es una recuperación en V de la economía China debido a que el país ha tomado medidas “muy agresivas” para contrarrestar el impacto, lo que llevaría a un repunte generalizado. El papel de China es cada vez más relevante ya que en el 2000 el país representaba cerca del 5% del PIB global, hoy en día es cercano al 16%.

Estas tres razones -o expectativas- son realmente el motor de la bolsa y soporta que los inversionistas estén dispuestos a pagar un precio mayor por adquirir un activo. El problema es que las utilidades no han crecido al mismo ritmo que los precios de las acciones, pero la expectativa es que si lo harán. Por lo tanto, causa lo que se conoce como una expansión de múltiplos. Este evento se mide usualmente a través de un aumento en la relación Precio/Utilidad (P/E) y la muestra es que 2019 fue el segundo año en que mayor expansión de múltiplo se experimentó el S&P500 desde 1987 (24%, tras el 39% de 2009).

Por el momento existe complacencia en los mercados, pero es importante que realmente se materialice una mejora en la economía global, los efectos del virus se disipen y las utilidades de las empresas repunten, de lo contrario eventos de volatilidad serán el común denominador. Sin desconocer que a medida que avanza el año los ojos estarán puestos en las elecciones de EE.UU. donde se espera que el actual presidente del país, Donald Trump, sea reelegido y quizá sea el resultado más favorable para los mercados. No obstante, no se debe olvidar que los mercados se mueven por sorpresas y expectativas que hasta el momento han sido positivas limitando las caídas en los mercados de renta variable.

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