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Sustitución de cultivos: El pueblo que resurge con sabor a cacao – Proceso de Paz – Política



“Fui productor (de coca), pero era muy difícil porque cuando uno trabaja con cultivos ilícitos le toca estar escondido, hay riesgo de morir. Yo no quería dejar solos a mis tres hijos, pero tocaba hacerlo porque no había opción”, expresa Henry Salcedo.

Vivió su juventud en Wérima (Vichada) en épocas del ‘tríangulo de la coca’, el emporio criminal del narcotraficante Carlos Ledher. Eran épocas en que el patrón comercial era la base de coca, no valían los billetes del Banco de la República, los alimentos costaban una fortuna porque no se producían alimentos. Los cultivos eran dominados por la coca. El plátano, por ejemplo, lo importaban desde Ecuador.

Hoy en este territorio del Vichada, con exuberante riqueza natural, Salcedo, colono de toda la vida, se mueve libremente sin tener que esconder su rostro o avergonzarse de su trabajo, da fe de lo que representa pertenecer a la economía legal.

Esta transformación se logró gracias a que en esta región se firmó el primer acuerdo que se hizo en Colombia del Plan Nacional Integral de Sustitución de cultivos (PNIS). Se firmó con 266 familias, quienes sustituyeron voluntariamente 250 hectáreas de coca por cacao, modelo silvopastoril, porcinos, huertas, arroz con trilladoras, maíz con desgranadora, caña panelera con trapiche, aves de postura y pisicultura.

Luego de un proceso arduo, del que participaron la actual Consejería para la Estabilización, la Fuerza Aérea, el Ejército, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito y el sector privado, 251 familias completaron por primera vez en el país el ciclo completo de programa. Hoy son productores de cacao certificados y con un mercado que valora el producto.

Justamente esta semana, en sus propios terrenos, y al lado de un trapiche en el que empezarán a transformar la caña que producen en panela, estas familias recibieron un diploma de graduación del programa, que en últimas es un reconocimiento a su compromiso, pues se trata de cultivar un producto en un territorio al que solo se pueda llegar por aire. Las vías de acceso son precarias.

La Fuerza Aérea contribuye en el transporte del cacao en esta zona.

“Esta es una demostración del coraje que tiene esta comunidad para enfrentar las más duras adversidades. Ustedes están haciendo país, están haciendo patria en una zona tan complicada”, les manifestó en la ceremonia de graduación el consejero para la Estabilización Emilio Archila.

La mayoría de las familias de manera voluntaria y por convicción propia está sacando la coca de su cotidianidad, de su mente y de su corazón. Se organizaron en Proagro, la Asociación de Productores Agropecuarios del Alto Vichada, desde allí comercializan sus productos directamente con los transformadores.

La asociación ha permitido que el fino cacao que se produce en la zona pueda ir a un centro de acopio, que queda justo al lado de la precaria pista de aterrizaje de este territorio, a donde la Fuerza Aérea llega para trasladar el producto al centro del país.

Esta es una demostración del coraje que tiene esta comunidad para enfrentar las más duras adversidades

Esta realidad se debe, en buena medida, a la implementación de un sistema productivo en el cual se reemplaza la coca por cacao con un aliado estratégico que es Casa Luker, que desde 2016 compra directamente el cacao a los campesinos y da beneficios adicionales como pago del flete, capacitación, plan cosecha y plan anticipo.

En Vichada, con el apoyo de la Fuerza Aérea y de entidades privadas como Casa Luker, el cacao por coca ya es una realidad. El triángulo de la coca es ahora el triángulo del cacao e incluye, en el territorio del municipio de Cumaribo, Vichada, el más extenso del país (74 mil kilómetros cuadrados), los corregimientos de Wérima, Chupave, y Puerto Príncipe, donde 266 campesinos respiran un presente y un futuro diferentes. Con sabor a cacao.

Un pueblo que se apaga

A pesar de que el Estado ha empezado a llegar lentamente a Wérima, este territorio aún no se recupera del rezago al que fue sometido por años.

Cuentan los pobladores que, debido a que este año se les quitó el subsidio a la gasolina (un galón puede costar hasta 15 mil pesos), varias de las plantas de energía que usan las familias se tendrán que empezar a apagar.

En Wérima no hay sistema de energía, la única forma de abastecerse de este recurso es por medio de plantas (que muy pocos tienen) que funcionan entre las 6 y las 10 de la noche.

Según los cálculos, en cerca de 10 días muchas de las plantas se tendrán que empezar a apagar.

JAVIER FORERO
Redacción Política

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