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Cómo viven la cuarentena las regiones vulnerables – Gobierno – Política



Una tarea simple como lavarse las manos para prevenir la propagación resulta en todo un desafío para muchas familias que, como esta intentan evitar el contagio, pero sin agua potable. Así es la historia de Manuel España y su familia, en los Montes de María.

Lavarse las manos, usar gel antibacterial y tapabocas, mantener la distancia física con otras personas, recibir clases virtuales y no salir de la casa se han convertido en las nuevas labores cotidianas de muchos, pero para las familias que viven donde no hay agua potable, alcantarillado ni acceso a internet no es tarea fácil.

A dos horas de Cartagena, en medio de un paisaje que refleja belleza y, a la vez, comunidades insatisfechas, hay muchas historias como la de Manuel España, que vive en una de las veredas de El Salado, en los Montes de María.

En la mañana Sharol Amaya, de 15 años y nieta de Manuel, lava los platos con agua sucia que hay en una caneca. El resto de la familia, los dos hijos menores y la esposa de Manuel, se ocupan de otros quehaceres del hogar. En el rancho hay tres alcobas, un baño, una sala y un cuarto exclusivo para los agroecológicos, productos sin químicos para aplicar a los cultivos. Las paredes son de bahareque, las puertas de tela de encerramiento verde y el techo, de palma de aceite y latas.

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Viven en la vereda La Emperatriz, en el corregimiento de El Salado, tierra que en el 2000 fue escenario de una de las peores masacres de nuestra historia, cometida por paramilitares. Manuel tiene 52 años, es un campesino de piel morena y contextura delgada. Sus manos grandes le han servido para trabajar; con un par de canecas amarradas a la moto, se prepara para ir al Carmen de Bolívar, el municipio más cercano a la vereda, para que un amigo le regales agua potable. Esa labor la hace cada dos días, a pesar de que una de las medidas por la emergencia sanitaria es no salir de la casa ni desplazarse.

En la entrada de la vereda hay un tanque de almacenamiento de agua, pero no puede abastecerse con él porque lo que reparten los carrotanques de la alcaldía no es suficiente para todos los habitantes de La Emperatriz.

Camilo España, el hijo de nueve años de Manuel, lleva en las manos una caneca blanca y corre detrás de una gallina que desciende de la loma donde está ubicado el rancho, por un camino estrecho, empastado, lleno de piedras y barro seco. Después de siete minutos bajando, llega a un jagüey, que está casi seco porque desde hace cuatro meses no llueve en la zona.

Camilo, con la mirada perdida en la falda de los montes que lo rodean, hunde la caneca para que se llene de esa agua lluvia, amarilla y contaminada por las reses, es el agua que utilizan para lavar los platos y la ropa: “No la podemos usar para el consumo porque les causa diarrea a los niños”, resalta Manuel.

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La mayoría de los habitantes de las veredas de El Salado son víctimas de la violencia, el desplazamiento forzado, y las sequías prolongadas. Las comunidades de las veredas El Espiritano, El Respaldo y El Cascajo padecen la misma angustia que las comunidades de La Emperatriz en tiempos de sequía porque los carrotanques, por las trochas angostas que hay que recorrer, pocas veces se animan a subir.

Desde una silla mecedora, Manuel cuenta que la mayoría de los que viven en las veredas más alejadas, en la alta montaña, cuando se quedan sin agua lluvia que recogen en tanques, beben lo que hay estancado en los jagüeyes. A pesar de que el agua esté sucia y contaminada.

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Por eso, para Manuel y los habitantes de la región, el apoyo de Ayuda en Acción, una ONG que lucha contra la pobreza y la desigualdad, ha sido clave para promover la formación de técnicos en agricultura orgánica y para fortalecer los procesos educativos de los más pequeños y en estos meses de pandemia, Ayuda en Acción está entregando mercados a familias vulnerables de la región. Una donación de 60 mil pesos, representa la alimentación de una familia.

Manuel ha vivido en una región con múltiples necesidades. Allí, vivir con las condiciones básicas es un privilegio y él, lejos de expresar resignación, cuenta una realidad cruda: “acá lavarse las manos con agua limpia para evitar la COVID-19 parece un chiste”.

Puede apoyar la entrega de mercados ingresando a ayudaenaccion.org.co

Carolina Valbuena – Ayuda en Acción

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