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Un nuevo contrato


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No todo es malo en esta época de coronavirus. Entre las muchas cosas a rescatar está la manera en que se han venido conformando una serie de paquetes de respuesta para proteger a los más vulnerables de nuestra sociedad. Y son ellos precisamente en los que puede estar la clave para poder construir un nuevo contrato social que nos lleve a un nación más equitativa, segura y prospera.

La pandemia dejará, sin duda, una nación lesionada económica y socialmente, pero también puede servir como catalizador para la creación de un paquete de medidas y programas que incluyan respuestas al malestar que provocó la salida a las calles de miles de personas en la protesta social legítima a finales del año pasado. Medidas que si se mantienen en el tiempo, bajo un responsable manejo fiscal, pueden convertirse en una autopista de progreso.

Lo grave es que si esta oportunidad no se reconoce, el segundo escenario será terrorífico. Es importante entender que la protesta social no ha muerto, al contrario, entró en un proceso de hibernación producto de la crisis de salud global. Las protestas pueden explotar una vez se acabe el confinamiento y la gente salga a las calles, convirtiéndose en la gasolina que desean los populistas y demagogos que son excelentes incendiando las naciones, pero tan malos presentado modelos y estrategias para el bienestar y progreso de todos. Para ellos esta situación es la dicha con la hermosura.
Un deleite.

El reto del gobierno será entonces construir a partir de esta coyuntura un verdadero nuevo contrato social de profunda transformación. Uno que incluya acceso masivo y de calidad a la educación y salud; de conectividad y rescate de las ciudades intermedias, de descongestión de las grandes capitales, de reactivación del campo y nuestras necesidades estratégicas. Y, por último, de divorcio paulatino de la explotación petrolera que, aunque crucial hasta ahora, también cada día menos atractiva y lucrativa. Se puede crecer más allá del petróleo y una tasa de cambio que solo beneficie a los petroleros. Seguro que sí.

Para todo esto será determinante una lucha frontal contra la corrupción. Suena a disco viejo, pero esta pandemia también ha demostrado por ahora que sí se puede crear un bloque anticorrupción de ejecución rápida. La labor conjunta reciente de las entidades de control contra los que han querido hacer feria con los dineros de la pandemia es testimonio de que cuando se quiere, se puede.

Tiendo a pensar que nuestro país está frente a una gran oportunidad. Siempre he visto las cosas desde la perspectiva del vaso medio lleno y ahora más que nunca creo que se puede dar un paso hacia delante. Se necesita voluntad política, pulso y determinación. Presidente, mucho le criticamos al principio que no se veía bandera clara en su administración. Esta pandemia le dio una muy clara. Si no lo logra, démonos la bendición ya que en el horizonte ya se escucha el duro cabalgar de los populistas y demagogos que creen que la solución está en igualar a todos en la pobreza, el resentimiento y la desesperación.

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