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La depresión que le tocó a esta generación


A finales de octubre de 1929, la Bolsa de Nueva York se hundió estrepitosa e inesperadamente sin que nadie lo esperara. Sucedió el día 29 o célebre “martes negro”, una jornada recordada como la más aciaga de la historia de Wall Street hasta que llegó el 11 de septiembre de 2001, pero ambos días tuvieron muy distintas causas, en lo único que se parecen es en los estragos que desencadenaron en la economía global.

La gran depresión del 29 tuvo sus orígenes en uno de los mayores enemigos presentes en la economía y las inversiones: la especulación que se había tomado el mercado secundario de la época, que operaba con un halo de invensibilidad sin precedentes sostenido por un largo período de bonanza económica apalancado en la producción y adquisición de bienes de consumo como los automóviles y electrodomésticos que impulsaron el desarrollo económico de la década del 20 del siglo pasado.

La crisis generada por el covid-19 en la economía mundial tiene un origen distinto y unas consecuencias difíciles de identificar en medio de la tormenta. Lo que sí es cierto es que se asoman tiempos difíciles que los expertos han denominado “nuestra gran depresión”. Alemania, la mayor economía europea sufrió la misma suerte y España, México, entre otros solo pueden mostrar cifras en lo más profundo del huevo en que el covid-19 ha metido a la economía global. La pregunta es cuánto tiempo durará esta situación y una vez venga la nueva normalidad, cuáles serán los sectores que moverán la economía de la segunda década del siglo XX.

La clave para proyectar lo que sucederá tiene que ver con el imperativo de que las cuarentenas se acaben porque han sido tan dañinas como la misma enfermedad. Son esos aislamientos obligatorios los que no dejan ver si la recuperación -que va a llegar- será en forma de V como los indicadores macroeconómicos clave a corto plazo apuntan.

La vacuna está a la vuelta de la esquina, ahora solo es cuestión de esperar la logística de vacunación y la estrategia de los gobiernos para meter a sus gobernados en la fila mundial. La verdadera recuperación tiene que ver más con la “psicología de las multitudes”, el “síndrome del contagio” y otros males que se han arraigado en las sociedades durante estos más de cuatro meses de cuarentena.

Anne Krueger de la Universidad Johns Hopkins defiende la teoría de que “la actividad económica no volverá a la normalidad hasta que el virus sea derrotado, lo que a su vez dependerá de la adhesión del público a las medidas preventivas”, pero en cada país las cosas son distintas y en el nuestro la sobrevivencia económica de las pequeñas y medianas empresas depende de convivir con un virus que seguramente estará entre nosotros -como tanto otros- no solo por años, décadas o siglos.

Las fuerzas que mueven la economía colombiana no pueden seguir otro mes, otro semestre encerrados viendo como crece el número de contagios, de muertos y de destrucción sin poder producir. Es un hecho irreversible que esta es la gran depresión que nos ha tocado vivir, que su duración depende de decisiones exógenas, pero que mientras tanto, el país debe seguir, no puede mantenerse parado. Ya ha suficiente ilustración de los peligros de contagio, pero más dañino para la salud mental y económica es una cuarentena eterna.

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