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Lo primero a derrotar es la incertidumbre


Con el covid-19 campante y sin vacuna a la vista, nadie sabe con certeza cuándo el virus dejará de regir las decisiones más simples de la vida, como salir a la calle, comer en un restaurante o mandar a los hijos al colegio. Si esa misma falta de información se va sofisticando por capas, de manera ascendente, se tendrá que el mundo entero no sabe qué va a pasar, ni cómo evolucionará todo en el mediano plazo.

En momentos así, es cuando deben aflorar los líderes en cada uno de los aspectos de la sociedad, obviamente en con el concurso del Gobierno por delante. Más que al mismo coronovirus, es a la incertidumbre a la que se le debe buscar una vacuna urgente que desaparezca esa sensación de falta de seguridad, confianza o certeza sobre la evolución de las cosas.

Un verdadero líder ha sido el Banco de la República que no solo ha reducido las tasas de interés hasta los niveles más bajos de la historia (2%), sino que ha vigilado con coherencia el comportamiento de la variación de precios (1,1% en lo corrido del año). Son esas acciones técnicas y comprometidas las que se deben ejecutar para salir de este momento económico y social tan complicado.

La palabra incertidumbre vuelve a ser un tema obligado de los analistas económicos y a ocupar a los centros de pensamiento económico sobre el rumbo que tomará la situación, para ello hay que poner a jugar a la econometría para que dicte la ruta sobre los caminos más idóneos que tomar: con covid o sin covid, con vacuna o sin vacuna, con rebrote o sin rebrote. Esta etapa de incertidumbre -ojalá no dure mucho- es muy peligrosa porque no es fruto de la experimentación científica. No se puede hablar de errores de medición, de sesgo, de procesos, de modelos, estimaciones o implementación, es una coyuntura inédita que fuerza a la sociedad a salidas populistas.

Kenneth Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard y execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional se le ha metido al tema en un ensayo publicado por Project Syndicate y titulado, “The uncertainty pandemic” en el que advierte que “la economía mundial se encuentra ahora en una bifurcación en el camino. La tarea más importante de los formadores de políticas es tratar de reducir la enorme incertidumbre persistente mientras se continúa brindando socorro de emergencia a las personas y sectores económicos más afectados.

Pero es probable que la inseguridad alimentada por covid-19 pese sobre la economía mundial mucho después de que lo peor haya pasado”. El economista espera que los próximos meses digan mucho sobre la forma de la próxima recuperación mundial. “A pesar de los mercados bursátiles exuberantes, la incertidumbre sigue siendo generalizada.

Independientemente del curso de la pandemia, es probable que la lucha del mundo con el virus hasta ahora afecte el crecimiento, el empleo y la política durante mucho tiempo (…) En un escenario más pesimista, otras crisis – un fuerte repunte en las fricciones comerciales entre Estados Unidos y China, un ataque ciberterrorista o una ciberguerra, una catástrofe natural relacionada con el clima o un terremoto masivo – podrían ocurrir antes de que esta termine”.

Lo que más se necesita en este momento, no es otra cosa que líderes que sepan llevar la situación a la tranquilidad, porque tal y como van las cosas, es una coyuntura óptima para sembrar ideas populistas y de desorden social.

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